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17 sept 2014

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Biblioteca 1


El Otago.

La casa de papel, Carlos María Domínguez, 2004


“—...Desde que tengo memoria, comencé a comprar un libro y otro. La biblioteca que se arma es una vida. Nunca, digamos, una suma de libros sueltos.
—Me gustaría comprenderlo –le rogué.
—Usted los acumula en los estantes y parecen una suma, pero si me permite, se trata de una ilusión. Seguimos ciertos temas y al cabo de un tiempo, uno termina por definir mundos; por dibujar, si prefiere, el recorrido de un viaje, con la ventaja de que conservamos sus huellas. No es sencillo. Es un proceso en el que completamos bibliografías, preocupados por la referencia a un libro que no tenemos; lo conseguimos, nos dejamos conducir a otro. Aunque debo confesarlo, soy un lector muy limitado. Necesito leer todo el aparato de notas, aclarar el sentido de cada concepto, y por eso, difícilmente me siento a leer un libro sin veinte detrás, a veces para completar la interpretación de un sólo capítulo. Desde luego, esa ocupación me apasiona.
...un hombre había atravesado con brutalidad, desazón y certeza, su línea de sombra.
...Saludé al gran Joseph cuando el dibujo del velero y los peces comenzaba a deshacerse, y regresé a casa”.

www.editopia.com.ar
#biblioteca #literatura #libro #Otago #JosephConrad


8 feb 2013

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Lectura frente al mar 4


Esta es una propuesta de lectura de un relato del libro de Italo Calvino Mundo escrito y mundo no escrito, sobre el comportamiento del buen lector de vacaciones con el que muchos se sentirán identificados.

Los buenos propósitos


El Buen Lector espera las vacaciones con impaciencia. Para las semanas que pasará en una solitaria localidad marítima o montañosa, ha reservado cierto número de lecturas de las que más le gustan y saborea por anticipado el placer de las siestas a la sombra, el crujir de las páginas, el abandonarse a la fascinación de otros mundos a través de las tupidas líneas de los capítulos.

En cuanto se acercan las vacaciones, el Buen Lector se da una vuelta por las librerías, hojea, olfatea, se lo piensa, vuelve al día siguiente y compra; en su casa saca de las estanterías volúmenes aún intactos y los alinea entre los sujetalibros de su escritorio.

Es la época en que el alpinista sueña con la montaña que pronto escalará, y también el Buen Lector elige su montaña para dejarse la piel en ella. Por poner un ejemplo, se trata de uno de los grandes novelistas del siglo XIX, del que nunca podrá decirse que se ha leído todo, o cuya mole siempre impuso un poco de respeto al Buen Lector, o cuyas lecturas hechas en épocas y edades dispares dejaron unos recuerdos demasiado confusos. Este verano, por fin, el Buen Lector, está decidido a leer de verdad a este autor; quizá no pueda leerlo todo durante las vacaciones, pero en esas semanas atesorará una base inicial de lecturas fundamentales, y después, durante el resto del año, podrá colmar fácilmente y sin prisa sus lagunas. Entonces buscará las obras que pretenda leer en sus versiones originales, si se trata de una lengua que conozca, o si no, en la mejor traducción; prefiere los gruesos volúmenes de las ediciones de obras completas pero no desdeña los libros de bolsillo, más apropiados para leer en la playa, bajo los árboles o en el autocar... Las vacaciones no habrán sido en vano y el Buen Lector regresará enriquecido de un nuevo mundo fantástico.

Se entiende que esto no es más que plato principal, luego habrá que pensar en la guarnición. Están las últimas novedades editoriales de las que el Buen Lector quiere ponerse al día, así como las nuevas publicaciones en su ramo profesional, y para leerlas es imprescindible aprovechar esos días; y también hay que elegir algún libro de características distintas a todos los demás ya escogidos para variar y tener la posibilidad de frecuentes interrupciones, pausas y cambios de registro. Ahora, el Buen Lector tiene ante sí un plan detalladísimo de lecturas para todas las ocasiones, horas del día y estados de ánimo. Si encuentra una casa de vacaciones, quizás una casa antigua llena de recuerdos de la infancia, ¿puede haber algo más bonito que colocar un libro en cada habitación, uno en el porche, otro en la mesilla de noche, otro en la hamaca?

Es la víspera de la partida. Los libros escogidos son tantos que para transportarlos necesitaría un baúl. Comienza la labor de limpieza: "En cualquier caso éste no lo iba a leer, éste es demasiado pesado, éste no es urgente", y la montaña de libros se desmorona, se reduce a la mitad, a un tercio. De este modo, el Buen Lector se encuentra con una selección de lecturas esenciales que darán lustre a sus vacaciones. Después de hacer las maletas, todavía se quedan fuera algunos volúmenes. El programa acaba reducido a unas pocas lecturas pero todas sustanciosas: estas vacaciones serán una etapa importante en la evolución espiritual del Buen Lector.

Los días empiezan a pasar deprisa. El Buen Lector se halla en excelente forma para hacer deporte y acumula energías a fin de alcanzar la condición física ideal para leer. Pero después de comer le entra tanto sueño que se queda dormido toda la tarde. Hay que hacer algo y para ello es de gran ayuda la compañía, que este año es insólitamente agradable. El Buen Lector hace muchas amistades y se pasa la mañana y tarde en la barca, de excursión, y al anochecer se va de juerga hasta muy tarde. Por supuesto, para leer se requiere soledad: el Buen Lector medita un plan para escabullirse. Alimentar su inclinación por una joven rubia puede ser el mejor camino. Pero con la joven rubia se pasa la mañana jugando al tenis, la tarde jugando a la canasta y la noche bailando. En los momentos de descanso, ella no se calla nunca.
Las vacaciones han terminado. El Buen Lector vuelve a colocar los libros intactos en la maleta, piensa en el otoño, en el invierno, en los rápidos y cortos cuartos de hora que dedicará a la lectura antes de dormirse, antes de salir corriendo a la oficina, en el tranvía, en la sala de espera del dentista…  

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31 ene 2013

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Lectura frente al mar 3


Otra lectura recomendable para hacer con los pies sobre la arena es Robinson Crusoe. Este libro de Daniel Defoe que se ha convirtiendo en un clásico con el paso del tiempo lo hemos leído todos pero ¿hace cuánto? Poco hay que decir que cualquier lector no sepa: como novela de aventuras por excelencia es una epopeya sobre la supervivencia y un canto a la superación personal. Publicada en 1719, la novela es un alegato a favor de las potencialidades del ser humano: su afán de superación y su necesidad de hermanamiento con sus semejantes. El libro sorprende por su modernidad, que todavía proporciona horas de disfrute, y se consigue gratis online. Aquí un fragmento:

 “[...] Caminé por la playa con las manos en alto y totalmente absorto en la contemplación de mi salvación, haciendo gestos y movimientos que no puedo describir, pensando en mis compañeros que se habían ahogado; no se salvó ni un alma, salvo yo, pues nunca más volví a verlos, ni hallé rastro de ellos, a excepción de tres de sus sombreros, una gorra y dos zapatos de distinto par.

Miré hacia la embarcación encallada, que casi no podía ver por la altura de la marea y la espuma de las olas y, al verla tan lejos, pensé: «¡Señor!, ¿cómo pude llegar a la orilla? 
Después de consolarme un poco, con lo poco que tenía para consolarme en mi situación, empecé a mirar a mi alrededor para ver en qué clase de sitio me encontraba y qué debía hacer. Muy pronto, la sensación de alivio se desvaneció y comprendí que me había salvado para mi mal, pues estaba empapado y no tenía ropas para cambiarme, no tenía nada que comer o beber para reponerme, ni tenía alternativa que no fuese morir de hambre o devorado por las bestias salvajes. Peor aún, tampoco tenía ningún arma para cazar o matar algún animal para mi sustento, ni para defenderme de cualquier criatura que quisiera matarme para el suyo. En suma, no tenía nada más que un cuchillo, una pipa y un poco de tabaco en una caja. Estas eran mis únicas provisiones y, al comprobarlo, sentí tal tribulación, que durante un rato no hice otra cosa que correr de un lado a otro como un loco. Al acercarse la noche, empecé a angustiarme por lo que sería de mí si en esa tierra había bestias hambrientas, sabiendo que durante la noche suelen salir en busca de presas. [...]”
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17 ene 2013

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Lectura frente al mar 2

Una buena lectura para el verano es Bahía de Todos los Santos - Guía de calles y misterios, de Jorge Amado. Y luego, a organizar el viaje para sentir el ritmo de esta ciudad enamorada del mar. 
“En el calendario de las fiestas populares de Bahía toman relieve especial las del ciclo del mar. Erguida en una península, cercada de mar, tierra de pescadores, paisaje de barcos de vela, Bahía tiene una reina: Yemanjá, la señora de las aguas, poderoso orixá del candomblé, sirena de cinco nombres: Dona Janaína, Ynaë, Yá, Rainha de Aioká. Ella reina sobre ese imperio de las aguas, del mar, de los lagos y los ríos, dirige los vientos, desata los temporales. Madre y esposa de los pescadores, su amor supremo, su deseo imposible. "Es dulce morir en el mar, en las olas verdes del mar", cantan los capitanes de los saveiros, pensando en Dona Janaína de largos cabellos perfumados y ojos de naufragio. Vino del África a la Bahía de Todos os Santos en la cubierta de los barcos de esclavos, entre los gemidos de los negros. Aquí estableció para siempre su morada. Sus múltiples moradas, pues vive en diferentes lugares del mara bahiano: en las ruinas del Forte da Gamboa, en Río Vermelho, en la Barra - en su vieja fuente en medio de las piedras de la playa - en Monte Serrat al pie del fuerte, en Itapuä, en el Dique, en Pituba y en Itaparica. Donde haya un pescador o un marinero allí estará con su amor y su seducción.
Dos fiestas marítimas se destacan en el ciclo de Yemanjá. La primera es la procesión de Nosso Senhor Bom Jesus dos Navegantes, el día primero de enero. En ella predominan los signos católicos, en el sincretismo religioso de Bahía.
La segunda es la procesión de Yemanjá, en Río Vermelho, donde predominan los elementos fetichistas. [...]”

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