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16 dic 2015

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Biblioteca 16

Luis Borges, Ferdinando Scianna, 1984.

Por qué leer a los clásicos

Italo Calvino

Fragmento

Jorge Luis Borges
Leyendo a Borges he tenido a menudo la tentación de formular una poética del escribir breve, elogiando su primacía sobre el escribir largo, contraponiendo los dos órdenes mentales que la inclinación hacia el uno y hacia el otro presupone, por temperamento, por idea de la forma, por sustancia de los contenidos. Me limitaré por ahora a decir que la verdadera vocación de la literatura italiana, la que preserva sus valores en el verso o la frase en que cada palabra es insustituible, se reconoce más en el escribir breve que en el escribir largo.

Para escribir breve, la invención fundamental de Borges, que fue también la invención de sí mismo como narrador, el huevo de Colón que le permitió superar el bloqueo que le había impedido, hasta los cuarenta años, pasar de la prosa ensayista a la prosa narrativa, fue fingir que el libro que quería escribir estaba ya escrito, escrito por otro, por un hipotético autor desconocido, un autor de otra lengua, de otra cultura, y describir, recapitular, reseñar ese libro hipotético. Forma parte de la leyenda de Borges la anécdota de que cuando apareció en la revista Sur el primer y extraordinario cuento escrito con esa fórmula, El acercamiento a Almotásim, se creyó que era realmente una reseña del libro de un autor indio. Así como forma parte de los lugares obligados de la crítica sobre Borges observar que cada texto suyo duplica o multiplica el propio espacio a través de otros libros de una biblioteca imaginaria o real, lecturas clásicas o eruditas o simplemente inventadas. Lo que más me interesa señalar aquí es que con Borges nace una literatura elevada al cuadrado y al mismo tiempo una literatura como extracción de la raíz cuadrada de sí misma: una «literatura potencial», para usar una expresión que se desarrollará más tarde en Francia, pero cuyos preanuncios se pueden encontrar en Ficciones, en los puntos de partida y fórmulas de las que hubieran podido ser las obras de un hipotético Herbert Quain.

Que para Borges sólo la palabra escrita tiene plena realidad ontológica, y que las cosas del mundo existen para él sólo en cuanto remiten a cosas escritas, ha sido dicho muchas veces; lo que quiero subrayar aquí es el circuito de valores que caracteriza esta relación entre mundo de la literatura y mundo de la experiencia. Lo vivido se valora en la medida en que se inspira en la literatura o en que repite arquetipos literarios: por ejemplo, entre una empresa heroica o temeraria de un poema épico y una empresa análoga vivida en la historia antigua o contemporánea, hay un intercambio que lleva a identificar y comparar episodios y valores del tiempo escrito y del tiempo real. En este cuadro se sitúa el problema moral, siempre presente en Borges como un núcleo sólido en la fluidez e intercambiabilidad de los escenarios metafísicos. Para este escéptico que parece degustar ecuánimemente filosofías y teologías sólo por su valor espectacular y estético, el problema moral vuelve a presentarse idénticamente, de un universo a otro, en sus alternativas elementales de coraje y vileza, de violencia provocada y sufrida, de búsqueda de la verdad. En la perspectiva borgiana, que excluye todo espesor psicológico, el problema moral aflora simplificado y casi en los términos de un teorema geométrico, en el que los destinos individuales trazan un diseño general que cada uno, antes de escoger, debe reconocer. Pero las suertes se deciden en el rápido tiempo de la vida real, no en el fluctuante tiempo del sueño, no en el tiempo cíclico o eterno del mito.


#ItaloCalvino #JorgeLuisBorges #literatura 

12 nov 2015

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Biblioteca 15

Reading, Lucian Freud, 1997
Otra obra de Italo Calvino que muestra la influencia borgiana es Si en una noche de invierno un viajero. Calvino se basó en la distorsión del rol del autor de Borges. Es una novela organizada del siguiente modo: entre los doce capítulos numerados con números romanos se hallan intercalados diez capítulos con título, que son los comienzos de novelas interrumpidas y que pueden funcionar como relatos independientes entre sí. Es un relato que se interrumpe a sí mismo, compuesta por novelas que se cortan y que de alguna manera se abren unas a otras para sugerir un vasto sistema de narraciones inacabadas que se interconectan y en los que las interrupciones pasan a ser la trama de la misma. 

Tiene un guiño a la literatura árabe y en el mismo texto menciona a Las mil y una nochesPretende mantener al lector atento como al comienzo del relato. El libro que el anhela escribir no sólo debe contener todos los libros, sino todas las posibilidades imaginables. La Biblioteca de Babel de Borges imagina al universo como una biblioteca de galerías infinitamente ampliadas cuyos volúmenes contienen todas las combinaciones posibles de los veinte símbolos ortográficos, lo que significa que en algún lugar de sus estantes hay un texto que contiene todo. 

Sobre ella dijo Calvino: “Es una novela sobre el placer de leer novelas; el protagonista es el lector, que empieza diez veces a leer un libro que por vicisitudes ajenas a su voluntad no consigue acabar. Tuve que escribir, pues, el inicio de diez novelas de autores imaginarios, todos en cierto modo distintos de mí y distintos entre sí: una novela toda sospechas y sensaciones confusas; una toda sensaciones corpóreas y sanguíneas; una introspectiva y simbólica; una revolucionaria existencial; una cínico-brutal; una de manías obsesivas; una lógica y geométrica; una erótico-perversa; una telúrico-primordial; una apocalíptica alegórica. Más que identificarme con el autor de cada una de las diez novelas, traté de identificarme con el lector.” 


Borges y Calvino podrían ser dos viajeros en el mismo camino que nunca se encuentran. Ambos construyen sus ficciones, que tienden a ser pequeñas estructuras para producir perturbaciones lógicas, cognitivas y ontológicas. 

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#ItaloCalvino #JorgeLuisBorges #literatura #libro

8 oct 2015

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Biblioteca 14

Italo Calvino y Jorge Luis Borges.
El libro de Italo Calvino Las ciudades invisibles remite a las obras de Jorge Luis Borges. Esta narración contiene descripciones cortas de ciudades inventadas, según lo relatado por Marco Polo a Kublai Khan. El lector avanza sobre sus páginas, fascinado por el bello estilo del autor. Borges escribió volúmenes similares como Cuentos Extraordinarios y el Libro de Seres Imaginarios, fragmentos breves sin una historia.

Como Borges, Calvino es un gran erudito. Sus bocetos de ciudades están llenos de curiosidades recogidas en sus viajes, de modo que el libro es una valija que desborda información e imágenes.
Borges utilizó fuentes de todo el mundo, incorporando una visión global que no era común en ese momento. 

Calvino utiliza su conocimiento para estimularnos a ver las cosas cotidianas con nuevos ojos. En un fragmento del libro Marco Polo analiza la madera en un tablero de ajedrez para Kublai Khan:
“La plaza en que se fija su mirada iluminada fue cortada del anillo de un tronco que creció en un año de sequía: ¿ves cómo se arreglan sus fibras? Aquí se puede distinguir un nudo apenas insinuado: un brote trató de brotar en un prematuro día de primavera, pero la helada de la noche lo obligó a desistir ...Aquí hay un poro más grueso: tal vez fue un nido de larvum; No un gusano, porque, una vez nacido, habría comenzado a cavar, pero una oruga que roía las hojas y fue la causa de que el árbol fuera elegido para cortar... ” El padre de Calvino era agrónomo y su madre licenciada en ciencias naturales. 

Escribió Calvino sobre Borges:
Empezaré por el motivo de adhesión más general, es decir el haber reconocido en Borges una idea de la literatura como mundo construido y gobernado por el intelecto. Esta idea va contra la corriente principal de la literatura mundial de nuestro siglo, que toma en cambio una dirección opuesta, es decir quiere darnos el equivalente de la acumulación magmática de la existencia en el lenguaje, en el tejido de los acontecimientos, en la exploración del inconsciente...”


Borges aborda historias hasta sus elementos esenciales, en un intento de llegar a la esencia de lo que hace una historia: “El resto es ilustración episódica ... o adorno verbal afortunado o inoportuno.”
Ambos autores tienen una gran habilidad para capturar un momento en el tiempo y permitir que la imaginación visual del lector se depliegue. 

Al escribir obras tan fragmentarias, podríamos suponer que Borges y Calvino estaban en la vanguardia de un nuevo movimiento literario. Sus pasajes cortos, sin duda, remiten como se escriben las entradas de un blog hoy. 

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#ItaloCalvino #JorgeLuisBorges #literatura #libro 


18 sept 2015

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Biblioteca 13

Jorge Luis Borges, 1911.

Lector activo


Las ideas borgianas impregnan la obra conceptual de Umberto Eco. La alusión a Borges y a sus motivos es clara a través de los elementos: laberintos, espejos, bibliotecas, y libros que refieren a otros libros. La cita de un manuscrito original, la descripción de fechas, personajes y hechos históricos, son recursos literarios típicamente borgianos que llevan al juego entre lo real y lo imaginario. Dudas que crean confusión en el lector no iniciado. Eco comentó que algunos críticos le reprochaban que planteaba hechos modernos que no se correspondían con el medioevo, y él aclaró que precisamente en esos casos había utilizado citas del siglo XIV.

Ambos otorgan gran importancia al papel activo del lector en la experiencia literaria. Borges manifestaba su intensión de mantener al lector en un papel activo: “La literatura no es agotable, por la razón suficiente y simple que un solo libro no lo es. Un libro no es una entidad aislada: es una narración, un eje de innumerables narraciones. Una literatura difiere de otra, ya sea antes o después de ella, no tanto por el texto en cuanto a la manera en la que se lee.”


En el cuento Pierre Menard, Autor del Quijote de Borges, el autor crea un lector ideal. Menard es un receptor competente, logra asimilar el texto de Cervantes de tal manera que se apropia de él. El protagonista del cuento no deseaba ser el autor del Quijote, sino escribir su propia versión, transformándose en un intérprete activo, complementario y creativo.
La presencia de Borges en la novela de Eco es un rasgo constitutivo y no un detalle superfluo que se impuso el escritor para llevar adelante la historia. La relación intertextual entre la novela y los escritos de Borges no consiste simplemente en utilizar ideas prestadas, sino que es mucho más sutil y más complejo.


“Nada consuela más al autor de una novela que descubrir lecturas en las que no pensaba, y que le sugieren los lectores.” escribe Eco en las Apostillas a El nombre de la rosa.


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#UmbertoEco #JorgeLuisBorges #libro #literatura #lector

18 jun 2015

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Biblioteca 10

La antibiblioteca

El semiólogo, filósofo y semiólogo Umberto Eco ha sido un entusiasta coleccionista de libros raros. Eco ha acumulado decenas de miles de libros, y siempre observa que no ha leído la mayoría de ellos.
Esa capacidad de mezclar fuentes de ambos extremos del espectro invariable creció en la niñez de Eco. Durante la Segunda Guerra Mundial, el joven Umberto se encargaba de buscar el carbón de la bodega. Allí encontró un tesoro de libros. Su abuela, una lectora indiscriminada, tenía libros de autores clásicos como Balzac, Dickens y Darwin junto a novelas de diez centavos y cómics. Eco los leyó a todos.

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En su libro El cisne negro, Nassim Nicholas Taleb, analiza cómo los seres humanos creemos saber más de lo que efectivamente sabemos. Y menciona a Eco como una persona que sabe realmente lo que una biblioteca personal es: una "anti-biblioteca". Es decir, una colección de libros que uno no ha leído todavía. Después de todo, "los libros no leídos son mucho más valiosos que los que se leen". Eco separa a los visitantes en dos categorías: los que ven su biblioteca e inmediatamente se preguntan cuántos de los 30.000 volúmenes ha leído, y los que ven la biblioteca y entienden que es una herramienta de investigación.

De lo que realmente se trata es de cultivar la curiosidad y aprender a aprender. Mientras investigaba su propio doctorado Eco se quedó atascado, y un día pasó  por una librería y compró un libro de un oscuro abad del siglo XIX porque le gustó la encuadernación. Sin pensarlo, encontró en una línea desechable una idea asombrosa...

#UmbertoEco #biblioteca #libro #literatura
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14 may 2015

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Biblioteca 9

Homenaje a Borges, Christian Boltanski, 2012.

El oficio bibliotecario


Jorge Luis Borges pasó por varios de los cargos propios de la profesión de bibliotecario; desde la catalogación, que ejerció en la biblioteca municipal Miguel Cané hasta la dirección de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno de 1955 a 1973. Durante su gestión se promovió la construcción de una  sede moderna que era necesaria para albergar al amplio patrimonio con el que contaba la Biblioteca. La visión de Borges no es, pues, mero producto de la creación literaria. Es también, la visión de un bibliotecario de avanzada, la de un meta buscador de posibilidades. La biblioteca total de Borges sería ese lugar, ese punto, en dónde estaría el todo y desde dónde sería posible ver todo.
Pero no sólo la información necesaria, también los desatinos, las múltiples e inverosímiles probabilidades combinatorias que el lenguaje y los números pudieran producir rozando la locura y la propia intimidad. “[…] vi. la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte … vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo […]”, El Aleph, Pág.71. La Biblioteca de Borges sería un lugar mutable y en constante cambio no un lugar quieto, sólido “Yo he procurado rescatar del olvido un horror subalterno: la vasta Biblioteca contradictoria, cuyos desiertos verticales de libros corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira.” 

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Boltanski decidió tomar al pie de la letra aquella definición de Ramón Gómez de la Serna que define el libro como un pájaro de más de cien alas para volar. El artista suspendió del techo de la ex Biblioteca Nacional más de 500 libros, de todos los tamaños, colores, olores, precios, idiomas, épocas e incluso sabores. Entreabiertos, con hojas ligeramente al aire, mecidas con la brisa de varios ventiladores, como pájaros hechos de papel con alas que ondulan.

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#JorgeLuisBorges #libro #literatura #biblioteca

16 abr 2015

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Biblioteca 8


La Salle des Planètes de Desmazières.

Infinita

La Biblioteca de Babel es uno de los cuentos más célebres del escritor argentino Jorge Luis Borges, en él Borges nos da su visión del universo: es una biblioteca "total" que contiene todas las combinaciones de letras posibles. Esto significa que alberga todas las obras literarias jamás escritas, todo lo que todavía no se escribió y también un sinfín de textos que podrían ser incoherentes.

A pesar del aparente desorden de la Biblioteca, el narrador rechaza la idea de que algunos de los libros carezcan de sentido. Asegura que no hay ninguna combinación de letras que no signifique algo en alguna de las lenguas o códigos que encierra la Biblioteca. La repetición del desorden de la Biblioteca crea un orden: el Orden del Universo. Esta creencia en un Universo ordenado y elegante le da esperanza.

La biblioteca de Babel 

El jardín de senderos que se bifurcan, 1941
Fragmento
“El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente.
         La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos.”


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19 mar 2015

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Biblioteca 7

Sala Oval de la Biblioteca Nacional de Francia.


La biblioteca total

Jorge Luis Borges

El capricho o imaginación o utopía de la Biblioteca Total incluye ciertos rasgos, que no es difícil confundir con virtudes. Maravilla, en primer lugar, el mucho tiempo que tardaron los hombres en pensar esa idea. Ciertos ejemplos que Aristóteles atribuye a Demócrito y a Leucipo la prefiguran con claridad, pero su tardío inventor es Gustav Theodor Fechner y su primer expositor es Kurd Lasswitz. (Entre Demócrito de Abdera y Fechner de Leipzig fluyen -cargadamente- casi veinticuatro siglos de Europa.) Sus conexiones son ilustres y múltiples: está relacionada con el atomismo y con el análisis combinatorio, con la tipografía y con el azar. En la obra El certamen con la tortuga (Berlín, 1929), el doctor Theodore Wolff juzga que es una derivación, o parodia, de la máquina mental de Raimundo Lulio; yo agregaría que es un avatar tipográfico de esa doctrina del Eterno Regreso que prohijada por los estoicos o por Blanqui, por los pitagóricos o por Nietzsche, regresa eternamente.
El más antiguo de los textos que la vislumbran está en el primer libro de la Metafísica de Aristóteles. Hablo de aquel pasaje que expone la cosmogonía de Leucipo: la formación del mundo por la fortuita conjunción de los átomos. El escritor observa que lo átomos que esa conjetura requiere son homogéneos y que sus diferencias proceden de la posición, del orden o de la forma. Para ilustrar esas distinciones añade: “A difiere de N por la forma, AN de NA por el orden, Z de N por la posición”. En el tratado De la generación y corrupción, quiere acordar la variedad de las cosas visibles con la simplicidad de los átomos y razona que una tragedia consta de iguales elementos que una comedia -es decir, de las veinticuatro letras del alfabeto.
Pasan trescientos años y Marco Tulio Cicerón compone un indeciso diálogo escéptico y lo titula irónicamente De la naturaleza de los dioses. En el segundo libro, uno de los interlocutores arguye: “No me admiro que haya alguien que se persuada de que ciertos cuerpos sólidos e individuales son arrastrados por la fuerza de la gravedad, resultando del concurso fortuito de estos cuerpos el mundo hermosísimo que vemos. El que juzga posible esto, también podrá creer que si arrojan a bulto innumerables caracteres de oro, con las veintiuna letras del alfabeto, pueden resultar estampados los Anales de Ennio. Ignoro si la casualidad podrá hacer que se lea un solo verso.”1
La imagen tipográfica de Cicerón logra una larga vida. A mediados del siglo XVII, figura en un discurso académico de Pascal; Swift, a principios del siglo XVIII, la destaca en el preámbulo de su indignado Ensayo trivial sobre las facultades del alma, que es un museo de lugares comunes -como el futuro Dictionnaire des idées reçues, de Flaubert.
Siglo y medio más tarde, tres hombres justifican a Demócrito y refutan a Cicerón. En tan desaforado espacio de tiempo, el vocabulario y las metáforas de la polémica son distintos. Huxley (que es uno de esos hombres) no dice que los “caracteres de oro” acabarán por componer un verso latino, si los arrojan un número suficiente de veces; dice que media docena de monos, provistos de máquinas de escribir, producirán en unas cuantas eternidades todos los libros que contiene el British Museum2. Lewis Carroll (que es otro de los refutadores) observa en la segunda parte de la extraordinaria novela onírica Sylvie and Bruno -año 1893- que siendo limitado el número de palabras que comprende un idioma, lo es asimismo el de sus combinaciones posibles o sea el de sus libros. “Muy pronto -dice- los literatos no se preguntarán, ‘¿qué libro escribiré?’, sino ‘¿cuál libro?’
“Lasswitz, animado por Fechner, imagina la Biblioteca Total. Publica su invención en el tomo de relatos fantásticos Traumkristalle.
La idea básica de Lasswitz es la de Carroll, pero los elementos de su juego son los universales símbolos ortográficos, no las palabras de un idioma. El número de tales elementos -letras, espacios, llaves, puntos suspensivos, guarismos- es reducido y puede reducirse algo más. El alfabeto puede renunciar a la cu (que es del todo superflua), a la equis (que es una abreviatura) y a todas las letras mayúsculas. Pueden eliminarse los algoritmos del sistema decimal de numeración o reducirse a dos, como en la notación binaria de Leibniz. Puede limitarse la puntuación a la coma y al punto. Puede no haber acentos, como en latín. A fuerza de simplificaciones análogas, llega Kurd Lasswitz a veinticinco símbolos suficientes (veintidós letras, el espacio, el punto, la coma) cuyas variaciones con repetición abarcan todo lo que es dable expresar en todas las lenguas. El conjunto de tales variaciones integraría una Biblioteca Total, de tamaño astronómico. Lasswitz insta a los hombres a producir mecánicamente esa Biblioteca inhumana, que organizaría el azar y que eliminaría a la inteligencia. (El certamen con la tortuga de Theodore Wolff expone la ejecución y las dimensiones de esa obra imposible.)
Todo estará en sus ciegos volúmenes. Todo: la historia minuciosa del porvenir, Los egipcios de Esquilo, el número preciso de veces que las aguas de Ganges han reflejado el vuelo de un halcón, el secreto y verdadero nombre de Roma, la enciclopedia que hubiera edificado Novalis, mis sueños y entresueños en el alba del catorce de agosto de 1934, la demostración del teorema de Pierre Fermat, los no escritos capítulos de Edwin Drood, esos mismos capítulos traducidos al idioma que hablaron los garamantas, las paradojas que ideó Berkeley acerca del Tiempo y que no publicó, los libros de hierro de Urizen, las prematuras epifanías de Stephen Dedalus que antes de un ciclo de mil años nada querrán decir, el evangelio gnóstico de Basílides, el cantar que cantaron las sirenas, el catálogo fiel de la Biblioteca, la demostración de la falacia de ese catálogo. Todo, pero por una línea razonable o una justa noticia habrá millones de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. Todo, pero las generaciones de los hombres pueden pasar sin que los anaqueles vertiginosos -los anaqueles que obliteran el día y en los que habita el caos- les hayan otorgado una página tolerable.
Uno de los hábitos de la mente es la invención de imaginaciones horribles.
Ha inventado el Infierno, ha inventado la predestinación al Infierno, ha imaginado las ideas platónicas, la quimera, la esfinge, los anormales números transfinitos (donde la parte no es menos copiosa que el todo), las máscaras, los espejos, las óperas, la teratológica Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espectro insoluble, articulados en un solo organismo… Yo he procurado rescatar del olvido un horror subalterno: la vasta Biblioteca contradictoria, cuyos desiertos verticales de libros corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira.

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12 feb 2015

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Biblioteca 6

Diseño de algunas de las portadas de la Colección Biblioteca de Babel.

Canon bibliófilo


Jorge Luis Borges editó una colección de treinta y tres textos seleccionados y prologados por él para Editorial Siruela titulada La biblioteca de Babel. Con una edición impecable y unas ilustraciones maravillosas estuvieron a la venta entre 1983 y 1987. Aquí una lista de los títulos de la colección:

Las muertes concéntricas, Jack London
Venticinco agosto 1983 y otros cuentos (Borges y VVAA)
El cardenal Napellus, Gustav Meyrink
Cuentos descorteses, León Bloy
El espejo que huye, G. Papini
El crimen de Lord Arthur Saville, Oscar Wilde
El convidado de las últimas fiestas, Villiers de l’Isle-Adam
El amigo de la muerte, Pedro Antonio de Alarcón
Bartleby, el escribiente, Herman Melville
Vathek, W. Beckford
La puerta en el muro, H.G. Wells
El invitado tigre, P’u Sung-Ling
La pirámide de fuego, Arthur Machen
La isla de las voces, R.L. Stevenson
El Ojo de Apolo, G.K.Chesterton
El diablo enamorado, Jacques Cazotte
El buitre, F. Kafka
La carta robada, E.A. Poe
La estatua de sal, Leopoldo Lugones
La casa de los deseos, Rudyard Kipling
Las mil y una noches según Galland
Las mil y una noches según Burton
Los amigos de los amigos, Henry James
Micromegas, Voltaire
Relatos científicos, Charles Hinton
El gran rostro de piedra, N. Hawthorne
El país del Yann, Lord Dunsany
La reticencia de Lady Anne, Saki
Cuentos rusos, Dostoievsky
Leon Tolstoi, Leonidas Andreiev
Cuentos argentinos, VVAA
Nuevos cuentos de bustos Domecq, Bioy Casares y Borges
Libro de sueños; Borges A-Z, Borges y A. Fernández Ferrer

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#JorgeLuisBorges #libro #literatura #biblioteca

15 ene 2015

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Biblioteca 5

Biblioteca Nacional, Eduardo Di Clerico, 2012.

Escribir en la biblioteca


En la Biblioteca Nacional se encuentra un manuscrito de Borges: un ejemplar del número 76 de la Revista Sur, donde se publicó el cuento La lotería en Babilonia, en el que el escritor realizó correcciones a mano. Este ejemplar pertenecía a la colección de Antonio Carrizo.
Los anaqueles del sótano de una biblioteca popular del barrio de Boedo inspiraron a Borges para escribir ese cuento. En horas robadas al trabajo en la Biblioteca Municipal Miguel Cané, Borges erigiría los pilares sobre los que descansaría su fama universal. Las ruinas circulares, La muerte y la brújula y La lotería en Babilonia, algunos de los relatos más importantes que componen Ficciones (1944), también fueron también escritos allí.

Fragmento
“Imaginemos un primer sorteo, que dicta la muerte de un hombre. Para su
cumplimiento se procede a un otro sorteo, que propone (digamos) nueve ejecutores
posibles. De esos ejecutores, cuatro pueden iniciar un tercer sorteo que dirá el
nombre del verdugo, dos pueden reemplazar la orden adversa por una orden feliz
(el encuentro de un tesoro, digamos), otro exacerbará la muerte (es decir la hará
infame o la enriquecerá de torturas), otros pueden negarse a cumplirla... Tal es el
esquema simbólico. En la realidad el número de sorteos es infinito. Ninguna decisión
es final, todas se ramifican en otras.”


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