4 mar 2014

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Tiempo 1


Blonde Waiting, Roy Lichtenstein, 1964.
El embudo del tiempo, Rafael Argullol, 2011
   Seis horas pueden ser muchos años. Todos hemos experimentado las bruscas contracciones del tiempo que pueden convertir un minuto en una eternidad y pueden concentrar décadas enteras en el filo cortante de un único segundo. De hecho, toda la literatura es el esfuerzo, expresado en mil máscaras, para demostrar que nuestra idea habitual del tiempo no es sino un error cuando entendemos la vida desde el punto de vista de las sensaciones. La memoria, materia prima de cualquier ejercicio literario, es el preciso terreno en el que acontecen todas las distorsiones temporales: los recuerdos fluyen arbitrariamente y debemos orientarnos en medio del caos. Baudelaire fue elocuente al definir al poeta como el maestro de la memoria; Mandelstam fue aún más lejos al considerarlo el "maestro del eco", dando por sentado que nadie llega nunca al sonido originario y que ya es mucho capturar los ecos que se expanden por el mundo como huellas de un tiempo partido o como indicios del que todavía debe pronunciarse.


www.editopia.com.ar#literatura #memoria #tiempo

4 feb 2014

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Mirlo 2


Palomar, Italo Calvino, 1983

El silbido del mirlo

   El señor Palomar tiene esta suerte: pasa el verano en un lugar donde cantan muchos pájaros. Mientras sentado en una perezosa «trabaja» (en realidad tiene otra suerte: poder decir que trabaja en lugares y posiciones que parecerían del descanso más absoluto; o mejor dicho, sufre esta condena: se siente obligado a no dejar nunca de trabajar, aun tendido bajo los árboles una mañana de agosto), los pájaros invisibles entre las ramas despliegan a su alrededor un repertorio de manifestaciones sonoras de lo más variadas, lo envuelven en un espacio acústico irregular y discontinuo y erizado, pero en el que se establece el equilibrio entre varios sonidos, ninguno de los cuales sobresale de los otros por su intensidad o frecuencia, y todos se entretejen en una urdimbre homogénea, sostenida no por la armonía sino por la ligereza y la transparencia. Hasta que a la hora más caliente la feroz multitud de los insectos impone su dominio absoluto sobre las vibraciones del aire, ocupando sistemáticamente las dimensiones del tiempo y del espacio con el martilleo ensordecedor y sin pausa de las cigarras.

   El canto de los pájaros ocupa una parte variable de la atención auditiva del señor Palomar: a veces lo aleja como una componente del silencio de fondo, a veces se concentra en distinguir canto por canto, reagrupándolos en categorías de complejidad creciente: gorgoritos puntiformes, trinos de dos notas, una breve una larga, silbos breves y vibrados, borboteos, cascadas de notas que bajan hiladas y se detienen, rizos de modulaciones que se curvan sobre sí mismas, y así hasta los gorjeos.



www.editopia.com.ar#creatividad #hombre #Italo Calvino #lectura #literatura  

7 ene 2014

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Mirlo 1


Jean Michel-Folon.

Blackbird singing in the dead of night

Take these broken wings and learn to fly

All your life

You were only waiting for this moment to arise



Black bird singing in the dead of night 
Take these sunken eyes and learn to see
all your life
you were only waiting for this moment to be free

Blackbird fly, Blackbird fly 
Into the light of the dark black night.

Blackbird fly, Blackbird fly 
Into the light of the dark black night.

Blackbird singing in the dead of night 
Take these broken wings and learn to fly
All your life
You were only waiting for this moment to arise,
You were only waiting for this moment to arise,
You were only waiting for this moment to arise




#autor #Beatles #Blackbird #Jean Michel Folon #música 








12 dic 2013

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color 2

La danza, Henry Matisse, 1909.

















Poemario azul, Patricia Delmar

Artistas
La tela

Se detuvo:
la miró atormentado
casi inconsciente
comenzó a manchar
sobre ella trazos, signos, líneas, formas,
ultramares, rosas, bermellones
–todos danzaban–
superponiendo,
de vez en cuando,
sus brillantes improntas
con húmedos trazos de grafías
inquietas y cambiantes.
El espacio por el espacio,
el color por el color
distintas veladuras
de ingeniosa alquimia
multiplicaron cifras
esparcieron surcos y,
poco a poco,
fueron creando la imagen,
vibrando profundamente,
desde los pigmentos de la materia
hasta convertirse
–tras el asombro de los pinceles–
en la taciturna obra
que con sólo mirarla, habla.


#color #poema #Patricia Delmar #Henry Matisse

7 nov 2013

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color 1


Heavy-CirclesWassily Kandinsky, 1927.
Las Cosmicómicas, Italo Calvino, 1965
Sin colores
Antes de que se formaran la atmósfera y los océanos, la Tierra debía tener el aspecto de una pelota gris rodando en el espacio. Como ahora la Luna: allí donde los rayos ultravioletas irradiados por el Sol llegan sin filtrarse, los colores quedan destruidos; por eso las rocas de la superficie lunar, en vez de ser coloreadas como las terrestres, son de un gris muerto y uniforme. Si la Tierra muestra un rostro multicolor es gracias a la atmósfera que filtra esa luz mortífera.
Un poco monótono confirmó Qfwfq- pero sedante. Recorría millas y millas a toda velocidad como cuando no hay aire de por medio, y no veía más que gris sobre gris. Ningún contraste neto: el blanco verdaderamente blanco, si lo había, estaba en el centro del Sol y no era posible siquiera acercársele con la mirada; negro verdaderamente negro, no había ni siquiera la oscuridad de la noche, dada la gran cantidad de estrellas siempre a la vista. Se me abrían horizontes no interrumpidos por cadenas montañosas que apenas acertaban a despuntar, grises en torno a grises llanuras de piedra; y por más que atravesara continentes y continentes, no llegaba nunca a una orilla, porque océanos y lagos y ríos yacían quién sabe dónde bajo tierra.
Los encuentros en aquellos tiempos escaseaban: ¡éramos tan pocos! Con los ultravioletas, para poder resistir no había que tener demasiadas pretensiones. La falta de atmósfera sobre todo se hacía sentir de muchas maneras; vean por ejemplo los meteoros: granizaban desde todos los puntos del espacio, porque faltaba la estratosfera en la que golpean ahora como en un techo, desintegrándose. Además, el silencio: ¡Inútil gritar! Sin aire que vibrara, éramos todos mudos y sordos. ¿Y la temperatura? No había nada alrededor que conservase el calor del Sol; y al caer la noche, hacía un frío de quedarse duro. Afortunadamente, la corteza terresere se calentaba desde abajo, con todos aquellos minerales fundidos que iban comprimiéndose en las entrañas del planeta; las noches eran cortas (como los días: la Tierra giraba más velozmente sobre sí misma); yo dormía abrazado a una roca caliente, caliente; el frío seco, alrededor, daba gusto. En una palabra, en cuanto a clima, para ser sincero, yo personalmente no me encontraba demasiado mal.


#Italo Calvin #literatura #Las Cosmicómicas #color 


10 oct 2013

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“Imagine” de Lego






La agencia Alemana Jung Von Matt creo una divertida campaña de publicidad para la marca LEGO titulada: Imagine. Usando los clásicos ladrillos armaron a reconocidos personajes de dibujos animados, íconos minimalistas que necesitan mucha imaginación para ser descubiertos.
Para ver la campaña completa: Lego Imagine


#color #iconos #juguetes #Lego #Los Simpson #Las Tortugas Ninjas #Asterix

5 sept 2013

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hombre 2


Don Quixote de la Mancha, Gustav Dore, 1663.

El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra, 1605

Capítulo I

Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha.
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura. Y también cuando leía: ...los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza.
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar -que era hombre docto, graduado en Sigüenza-, sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.

En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio.
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